Los mundiales son cada día más un negocio lleno de intereses asquerosos, pero de niño para mí eran una ventana al mundo: futbol de otros lados y lugares lejanos. Han sido mi manera de contar el tiempo, de cuatro años en cuatro años. Mi primer álbum fue el de 1990 y lo junté cada mundial hasta 2010; dejé de hacerlo por la vida adulta y porque los sobres se hacían más caros. Ahora mis sobrinos los juntan y me acordé de lo mucho que significaron para mí. Esos álbumes, sin querer, me han ayudado a coleccionar versiones de mí mismo.